Los Puntos

Imagináis que os ascienden en el trabajo, nadie os ha explicado las funciones ni cómo hacerlo del todo bien. Vuestro jefe solo os repite: “tienes que hacer las cosas bien”. Y en tu cabeza solo repites: pero ¿qué tengo que hacer bien y cómo? Entonces lo intentas y lo intentas, te esfuerzas; y al final de mes, en la nómina te restan dinero por haber hecha algo mal. ¿Qué cara se te quedaría? ¿Serías capaz de volver a trabajar igual? ¿Te esforzarías en seguir haciendo las cosas?

Pues esto se lo hacemos a nuestros hijos en muchas ocasiones.

Está muy extendida la técnica llamada de economía de fichas; incluso en tiendas de juguetes tienen las tablas ya hechas. Esta técnica se basa en que con la obtención de recompensas (refuerzo positivo) la conducta que queremos reforcemos aumentará. Últimamente no soy muy partidaria de las economías de fichas, de puntos o como queráis llamarlas, sólo lo haría en determinadas circunstancias, pero padres, ya que vamos a hacer algo, hagámoslo bien.

Qué cosas debemos tener en cuenta:

  1. Determinemos claramente qué queremos modificar, qué conducta queremos que haga más veces. Es algo que no podemos hacer a la ligera. Hay que sentarse a hablar con la pareja (si la hay claro), fijar claramente en qué conducta vamos a poner atención. Escojamos pocas reglas y muy concretas. No queremos que ellos se desmotiven, como cuando piensas en todo lo que tienes que hacer y al final no haces nada.

Esta técnica nos puede ayudar a la hora de adquirir una conducta determinada, algo concreto, como es lavarse los dientes o no levantarse de la mesa hasta que no acabemos todos. Otra cosa es, portarse bien y todo lo que conllevan esas dos palabras (no molestarme, hacer lo que te pido, no enfadarte, no frustrarte, … pero eso es otro tema).

Pongamos un ejemplo cuando nuestra regla es “portarse bien”: salimos del cole y toda la tarde estamos tranquilos y jugando. Según pasa la tarde mi aburrimiento y cansancio van en aumento. Llega la hora de cenar y al llegar veo algo que no me gusta nada; me pongo a llorar y gritar porque eso no es lo que quiero cenar. Como respuesta obtengo un: “ale, ya no tienes el punto de hoy”. ¿Y todo mi esfuerzo de la tarde? Pues mañana no quiero saber nada de los puntos, para lo que me sirve….

  1. Elegiremos, por un lado, qué forma de ganar de puntos, lo más extendido es obtener un punto cada vez que se realice la conducta. Importante, ser consistente y que cada vez que se dé la conducta se reciba el punto. Por otro lado, elegiremos junto con el niño las recompensas por llevarlas a cabo. Siempre con el niño, si quiero que se motive, claro.

Para mí es muy importante dos cosas para elegir los “premios”. Una, deben ir de coste en aumento, donde los primeros sean relativamente fáciles de conseguir sin que nos frustre y los más caros sean gracias al esfuerzo. Dos, menos cosas materiales y más actividades, cosas en familia: elegir una película o la cena del viernes, salir de excursión, tiempo de masaje, cocinar juntos; y si es material busquemos juegos educativos, un libro, … cualquier momento es bueno para compartir y aprender.

  1. Nunca se restan puntos. Si queremos que se haga una conducta, la contraria no puede restar puntos. Ponemos un ejemplo, ayer con todo mi esfuerzo gané un punto al estar sentada toda la comida. Hoy lo intento, pero sin darme cuenta, me levanto, no sólo dejo de ganar el punto de hoy, sino que pierdo el de ayer. ¿Cómo nos vamos a sentir?
  2. Cuando la conducta esté instaurada se irán desvaneciendo la obtención de puntos poco a poco, hasta eliminarlos por completo. Si de un día para otro dejamos de dárselos, no lo entenderán y no habrá valido para nada.

Como conclusión: usad esta técnica mejor solo con alguna determinada conducta que os esté costando instaurar en casa. Y recordad que, para crear un hábito, lo principal es el ejemplo; si queremos que conozcan la importancia de lavarse los dientes, ¿no será importante que me vean lavármelos a mí?

 

 

 

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Volvemos a la carga

He tardado más de lo previsto en retomar el blog. Me hubiera gustado hacerlo la semana pasada, felicitar el año y empezar. Pero, a veces, las cosas no son como queremos. Y estar en casa con tres pequeños y todos los planes pendientes, era prioridad.

Hoy volvemos a las rutinas. Es un día difícil, de muchas contradicciones. Necesitábamos toda la familia volver a la rutina, volver a las actividades cotidianas y a nuestra vida; pero, reconozco que me ha dado mucha pena que se acabaran las vacaciones. No como otras veces que echaba de menos la falta de responsabilidades, este año es diferente. Me daba pena volver a correr, a tener hora para salir de casa, de volver a vernos sólo el rato de comer y corriendo. Por qué las rabietas cuando no tengo prisa son muy llevaderas, pero cuando tengo que ir a trabajar, … es horroroso. Me uno a 7paresdekatiuskas y su pena de ayer, con la que me sentí totalmente identificada. Ese miedo que describía a casi no ver a los niños, no tener casi tiempo de escucharles ni abrazarles; consuela un poco saber que somos muchas las que estamos así.

Pero hay que volver, así que al lío: ¿Por qué necesitamos las rutinas? Necesitamos las rutinas para sentirnos seguros, y si los adultos lo necesitamos; imaginemos los niños. La RAE define la incertidumbre como falta de seguridad, de confianza o de certeza sobre algo; especialmente cuando crea inquietud. Y la incertidumbre se la damos cuando no tenemos rutinas o no las definimos.

Imaginad que no supierais qué es lo que tenéis que hacer. Llegas a casa cansado del trabajo y: “venga vístete que nos vamos”. ¿Pero cómo? ¿Por qué? Pues eso se lo hacemos a los peques una y otra vez. Vamos muchas veces tirando de ellos, corriendo de un lado para otro. Les vamos pidiendo cosas sin anticiparlas.

Algún ejemplo, llegan hoy del cole, deseosos de jugar con los juguetes de los Reyes Magos después de su jornada escolar. Nos sentamos a la mesa, y cuando se van a sentar a jugar: “ponte el abrigo que nos vamos a música/baile/inglés/karate”. Imaginad esa cara que se les queda, y, por tanto, tremendo pollo pueden montarnos.

Esto nos pasa mucho, asumimos que ellos lo saben, damos por hecho que ellos saben qué día de la semana es y simplemente tiramos de ellos.

Ahora que hemos visto el problema, soluciones: la anticipación y las rutinas.

Lo llevé a la práctica: en casa eran imposibles las mañanas, la hora de 8 a 9 era un suplicio, para mí y para ellos. Mis hijas son dormilonas como yo y nos cuesta horrores salir de la cama. Así que, con tres y salir a tiempo al colegio, vestidos, desayunados y peinados…imposible sin tener la sensación de que ese rato es un sufrimiento y con mal sabor de boca, corriendo y muchas veces gritando de casa. Me senté a pensar, qué está pasando, qué está fallando, qué podemos necesitar para mejorar.

Ya había visto por internet cuadros de rutinas. Consisten en que ellos tengan a golpe de vista lo que se pide de ellos en cada momento o qué actividades tienen que ir haciendo, y si pueden manipularlo para ir pasando actividades, mejor. Se pueden comprar por Internet, pero yo me lo hice casero.

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Se lo hice igual para las dos, pero se podría hacer diferente dependiendo de la edad o de las cosas que necesitemos. Consiste en que ellas sepan que paso es el siguiente y cuando lo hacen, lo pasan a la columna de las cosas hechas. En la imagen vemos: quitarse el pijama, vestirse, desayunar, lavarse la cara, lavarse los dientes, ponerse el abrigo y ponerse los zapatos. Se lo expliqué tranquilamente, y llegamos juntas a la conclusión de que alguna se podía modificar el orden. Por ejemplo, Rocío prefiere ponerse los zapatos al vestirse y Noa antes de salir de casa. Ellas también se hacen partícipes y entienden mejor lo que se les pide.

Mi experiencia ha sido muy positiva con esto. No quita que un día el sueño y el cansancio les puede y no quieren hacerlo, pero constancia y paciencia. Y si falla, se valora, se modifica y se vuelve a intentar. Todas las piezas acaban encajando si encontramos la forma adecuada de colocarlas.

También se puede hacer para cuando lleguen del cole, para los pasos a seguir para la tarea, antes de dormir… cada uno sabemos qué cosas nos hacen falta en casa. Importante:

  • Conductas concretas y muy explicadas
  • Pocas no más de cinco o seis y dependiendo de la edad incluso menos
  • Hacerles partícipes en todo lo posible (elegir los dibujos, colorearlos, el orden, …). Cuanto más participen más se implicarán

Espero que os sirva como idea. Animo con el inicio real del año y con la vuelta a la rutina.

Libros con esencia

Estas semanas son un poco de caos y ha sido imposible escribir un post. Pero como quería escribir cada lunes, hoy vengo con alguna recomendación de cara a los Reyes. No hablaré de juguetes porque ahí cada niño suele tener muy claro lo que quiere. Pero está de moda (menos mal) regalar cuentos y por eso traigo algunos que, para mi, son geniales.

Mi última adquisición y gran descubrimiento ha sido:

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Son seis cuentos cortos que se leen muy fácilmente. Hablan del lenguaje positivo, de quererse a uno mismo, … y el que más me gusta a mí, de autocontrol. “Las cosas no siempre son como y quisiera”, con una forma fácil de visualizarlo hace que los peques respiren para relajarse. Primero lo probé en casa y después en consulta; y muy recomendable. Sobre todo cuando ellos son los que te lo dicen a ti: “mamá tienes la pelota roja, respira”.

Segundo, todo un clásico:descarga

Hablar de las emociones básicas, con ejemplos y colores, muy visual y los niños les encanta.

Más para conocer las emociones:

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Muy bueno, con muchas emociones. Desde me punto de vista más indicado para niños más mayores. En Internet encontramos fichas descargables para cada emoción.

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Mediante historias y recetas encontramos buenas explicaciones de las emociones que más experimentan los niños. Además viene genial para medir las emociones en poco, medio y mucho. Medir la intensidad emocional es muy importante, y con el emocionómetro es fácil de aprender.

Para los celos entre hermanos:

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Ayuda a entender que cada hermano tiene algo especial y que papá y mamá nos quieren por igual.

Otros libros que me han gustado mucho:

Cada uno tiene su “cosita” especial. Me gustan mucho  los libros y cómo podemos aprender y explicarles cosas a través de ellos. Siempre son una buena opción para escribir a sus Majestades Los Reyes Magos.

Y con esto me despido hasta el año que viene.

Os deseo que paséis unas buenas vacaciones con los peques, que tengáis tiempo de compartir con ellos muchos momentos y que hayáis podido conciliar familia y trabajo fácilmente.

FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO 2018. 

NOS VEMOS A LA VUELTA

EL MIEDO A LOS CELOS

uuuh cómo está tu hija, se muere de celos!” “pobrecilla que de celos tiene” “¿has tenido suerte o son muy celosas?”

He escuchado estas frases y tras muchas varias veces en los últimos años. Mi respuesta, a veces solo, mental por no ser maleducada es: “claro que tienen celos, ¿y?”. A mis hijos les hemos impuesto hermanos, no la pregunté ¿cariño quieres una hermana? O chicas que os parece que tengamos un hermanito nuevo. Simplemente les conté que iban a llegar miembros nuevos a la familia.

Tuvieron nueve meses para que les fuéramos contando todo, pero, llega un día en que mama desaparece, se va a un sitio que encima me da miedo, ¡el temido hospital! Y cuando vuelve, no lo hace como siempre al 100%, está cansada, dolorida, no puede casi cogerte. Y encima, esta enganchada todo el día a tu hermano nuevo.  Y todo el mundo pretende, que la idea te encante, que le quieras, que le cuides y que no juegues ni hables alto cuando él está durmiendo. ¿En serio? Pensarías: ¿esto es una broma no?

Como niño, intentas sobrellevar todos estos cambios lo mejor posible, pero no, a veces no lo entiendes, a veces gritas y te enfadas sin motivo. Todo el mundo mira a tu hermano nuevo, y cuando se acercan a ti te dicen cosas como: compartirás tus juguetes con él, ¿no? ¿le cuidarás mucho? Te tienes que portar bien que tú ya eres el mayor. ¿Mayor? Más mayor que hace una semana sí, pero ¿mayor?

En fin, hablábamos del miedo a los celos. No permitimos que los niños tengan celos, y después de ver un poco las cosas desde sus ojos, quizá es lógico que tengan celos.

Definamos celos: es esa emoción que nace de mí, desde el pensamiento de que el amor no se puede compartir y me da miedo que alguien me quite el amor del ser querido. No confundir con la envidia, que nace del otro, más bien de lo que tiene el otro y yo quiero. Por ejemplo, tengo celos de papa cuando está con mamá o tengo envidia de mi amigo que le han comprado un coche y a mí no.

Conclusión, los celos son una emoción más; y, por tanto, necesaria para aprender. Como adultos sólo nos queda validar esa emoción, dándola la importancia que tiene. Cuando reconocemos los celos, habrá que explicarles que las cosas que piensan no son así; papá y mamá multiplican el amor al llega un hermano (o un primo oye, que también hay celos ahí). Habrá que demostrarle con hechos las cosas y darle tiempo para que se dé cuenta.

Algunas cosas que en mi familia han venido bien:

  • Hablar de la llegada del hermano antes de que nazca. También vale a través de cuentos. Hay muchos y muy buenos, otro día hablaremos de ellos. Hablamos tanto del hermano como de los días del hospital, qué hará mamá, que hará papá, quién les cuidará, … La incertidumbre no nos gusta a nadie y e ellos les desestabiliza. Cuanta más información más control.
  • No hacer muchos cambios cuando llegue el hermano, si se pueden hacer antes mejor. Por ejemplo, el paso de la cuna a la cama; evitemos el sentimiento de me lo ha quitado. O, al contrario, quizá habrá que retrasar algún cambio, por ejemplo, quitarle el chupete (dependerá de la edad, todo hay que valorarlo).
  • Fomentar la cooperación entre hermanos, juegos conjuntos, tiempo juntos, respeto, … Hablad desde pequeños de la necesidad de los hermanos, las ventajas de tenerlos, lo divertido que es, …
  • Evitar comparaciones. Por supuesto, cada uno tiene sus puntos fuertes y sus puntos débiles. Siempre hacen cosas bien y cosas que se pueden mejorar. Debemos intentar que se sientan especiales por como son. Evitamos la rivalidad… aunque a veces cuesta. Por ejemplo, a nosotros se nos escapa mucho el ¿a ver quién gana? Y creemos que a la larga es un error.
  • Dar a cada hermano tiempo con papá y con mamá. Buscar huecos en el caos que llevamos de vida es complicado, pero luego lo agradecen mucho. No hace falta grandes cosas, a veces con ir a comprar el pan juntos es suficiente, el paseo da la oportunidad de hablar.
  • Dar responsabilidades adecuadas a su edad. Si queremos que sean mayores, ayudémosles.20160828_133751.jpg

Habrá muchas más cosas que se puedan hacer, pero esto es lo que intentamos hacer en casa y la cosa va saliendo más o menos bien.

Hay otros momentos en que los celos les ganan la batalla, más rabietas, más enfados, más contestaciones, … ahí solo queda relajarse a disfrutar del viaje, recordando que el puzzle encajará al final y necesitan que estemos al lado.

FLEXIBILIDAD VS RIGIDEZ

Todos tenemos una habilidad llamada flexibilidad mental, que, como todo, poseemos en mayor o menor grado.

Esta habilidad es esa capacidad de poder adaptarnos a los cambios, a los imprevistos, ser capaces de buscar soluciones diversas y originales a un problema. Como vemos, es una capacidad que nos va ser muy útil, no sólo de niños sino de adultos, en la vida social, el trabajo, … en TODO.

A mis niños les explico la diferencia entre las cosas flexibles, podemos doblarlas un poco, cambiarlas de forma sin que sufran daños; frente a las cosas rígidas, si intento cambiarlas de forma o doblarlas un poco, se partirán. Lo mismo pasa con nuestra mente. Nuestro alrededor está siempre cambiando. Nada suele ser siempre igual, incluso en las rutinas surgen imprevistos. Hoy, por ejemplo, con los tres niños montados y atados en el coche, ha decidido que no iba a arrancar. Necesitamos flexibilidad mental para ser capaces de buscar soluciones en nuestro día a día. En mi caso, plan A, papá viene a por nosotros (descartado por trabajo); plan B, el abuelo siempre al quite nos echa una mano y nos deja el coche. Y hoy… ¡nos lleva el abuelo al cole! No hay mal que por bien no venga. Buscamos el lado positivo y seguimos adelante.

Pero, ¿cuándo empezamos a trabajar todo esto? Desde el principio, es una parte más de la educación. ¿Cómo ayudamos a nuestros hijos a desarrollar todo esto? Algunas ideas:

  • Fomentar la imaginación, trabajar menos con la tablet y más con juegos sin estructurar. Juego simbólico, jugar a ser quien no soy, un médico una profesora, un papá, … todo vale.
  • Dejemos que los niños decidan, dentro de sus posibilidades. Si me gustaría encontrarme con un adolescente capaz de ver qué optativa quiere, que sepa decir que no, que sepa decidir, tengo que tener un niño capaz de decidir qué ropa ponerse, qué quiere tiene para desayunar, … Difícil pero no imposible.
  • No solucionemos sus problemas. Primero entendamos que ese problema con su edad es un mundo, es SU mundo. Podemos darle ideas y que vaya aprendiendo diferentes soluciones. Por ejemplo: conflicto con juguete con otro niño, su solución darle un golpe en la cabeza; nos ponemos a su altura y vamos preguntando ¿qué ha pasado? ¿cómo te has sentido? ¿Cómo crees que se ha sentido él cuando le has pegado? ¿podríamos haber solucionado las cosas de otra forma?

Seguro que pensáis… con mi hijo eso no funciona. ¿Lo habéis probado? Esto es un entrenamiento para el futuro. ¿Alguno aparcasteis bien la primera vez que cogisteis un coche? Yo no, ellos también necesitan entrenar y aprender, démosles tiempo para ello y con el tiempo encajará.

20171201_170122El fleximonstruo de uno de mis chicos. Para recordar la importancia de tener una mente flexible y ser capaz de buscar soluciones a los problemas

MI CHICA DE EN MEDIO

Hace un par de años, hablaba con un grupo de amigos. Una de las chicas tenía dos niños, y alguien la preguntó que si se atrevería ir a por un tercero. Su respuesta me sorprendió: si voy a por un tercero voy a por un cuarto, no quiero dejar a ninguno en medio. En ese momento, no lo entendí, es más, me pareció incluso exagerado.20170706_123614

Soy madre de tres, Noa de 5 años, Rocío de 3 años y Fernando de 9 meses. Cuando nació Rocío no me preocupó mucho la reacción que tendría Noa, ella es más independiente, su carácter es de otra forma. Pero Rocío siempre ha necesitado más atención de mi parte, más abrazos, es más sensible. No es una cosa mejor que otra, simplemente las dos hermanas son diferentes.

Al nacer el pequeño Fernando, es cierto que las cosas no fueron tan malas como yo las había imaginado (a veces me pongo en lo peor), pero sí que en mi chica de en medio he visto algo más que celos. He visto en sus ojos esa sensación de no saber cuál es su lugar. La mayor por ser mayor y el peque porque es gracioso, a veces ella no sabe dónde está; demasiado pequeña para seguir el ritmo de la mayor y también demasiado pequeña para cuidar o mimar al pequeño, sus caricias tienen demasiada fuerza y siempre hay alguien para recordárselo.

Me gustaría que Rocío leyera estas palabras: aunque no encuentres aún tu lugar en el mundo, sí lo tienes en mi corazón. No te compares con tus hermanos porque tú eres única, simpática y bromista como ninguna. Con muchas fortalezas que estás demostrando, con una capacidad genial para empatizar con otros niños que sufren. Ahora no lo ves, pero mi trabajo es que tus piezas del puzzle encajen a la perfección.

¿Y cómo solucionan los niños toda esta frustración? Como siempre, aumentando rabietas, enfados, gritos, sobre todo, contra los culpables de todo esto a sus ojos: mamá y papá. Lo mismo nos quiere que nos odia, me grita, pero me pide que no me vaya a trabajar.

Es fácil metidos en nuestro ritmo de vida pensar que todas esas rabietas son “por fastidiarnos” y no, nada más lejos de la realidad. No saben lo qué les pasa, no pueden expresarlo. Desde mi punto de vista es importante sentarnos a valorar qué cosas están empeorando el problema. ¿Monta más rabietas cuando estamos solos o cuando están los abuelos? ¿la tarde que está más cansada se frustra más?  En muchas ocasiones, los adultos podemos modificar ciertas variables para hacerles todo más fácil. Ojo, no consiste en evitar todas las frustraciones, pero si estamos tranquilos y descansados, las cosas que llevan mejor.

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MI POR QUÉ

Hace más de 26 años que mi pieza del puzzle me falta, siempre he sentido algo sin terminar en mi, y aunque otras piezas han hecho muy bien su trabajo, siempre hay algún hueco que falta. Desde hace algo más de 5 años soy yo la que intenta ser esa pieza de su puzzle que dé apoyo en sus vidas.

Madre de tres soles que hacen de mi ser luchadora, no dormir, sonreír, inventar, cantar, saltar, caer y volver a levantarme.

Las ganas de gritar que te dan de vez en cuando, y de salir huyendo, es la motivación suficiente que tengo para abrir este blog.

Me relaciono con muchas madres a lo largo del día y TODAS tenemos preocupaciones, mil cosas que nos quitan el sueño cada noche, dudas que nos surgen. Si pudiéramos sentarnos todas a hablar, con hijos cada uno diferente de diferentes temperamentos, diferentes edades, nos daríamos cuenta de que las dudas y las inquietudes son las que nos hacen avanzar en nuestra vida y en nuestra maternidad.

Todas tenemos quejas de nuestros hijos, TODAS; porque gracias a Dios son personas diferentes a nosotras, con sus propios intereses, con sus propias motivaciones y, por tanto, actúan de forma que, a veces, no nos gusta.

De todas las conversaciones con madres que tengo, surgió hace años la idea de escribir un blog. Trabajo desde hace unos años como psicóloga clínica infantil, de ahí que muchas amigas me pidan consejo en alguna ocasión.

Siempre pienso que cómo van a verme a mí de ejemplo de madre, si no soy precisamente una madre modelo. Oye, pero seguro que algo hago bien. Y después de mucho pesar lo que hago bien es: evaluarme. Ver día tras día los fallos que cometo, las cosas que han funcionado y las que no con mis hijos. A veces pierdo los nervios, grito, se me cruza el cable y digo cosas que no debería, soy imperfecta. Pero cuando conmigo sentarme, serenarme, vuelvo a empezar, tomo ideas y empiezo de cero. Con ellos y conmigo. Claro que volveré a cometer errores, y mis hijos lo saben, pero también saben que cuando me equivoco puedo pedir perdón y borrón y cuenta nueva.

Hoy en un día de esos. En los que hubiera preferido salir corriendo, huir y no mirar atrás, he llorado y respirado hondo a partes iguales. Ellas han conseguido sacarme de mis casillas, pero después de la solución que siempre hago (poner a mi hermana la cabeza como un bombo y liberar todo lo que siento), he llegado a casa y he buscado soluciones.  Primero buscar el problema, segundo pensar todas las posibles soluciones y tercero, MANOS A LA OBRA.

La solución,… si ha funcionado, en próximos post.

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