Conexión

Quizá deberíamos hablar de la dificultad de la conexión. Hoy me centraré en la conexión con nuestros hijos; con el resto son temas a parte.

La conexión es lo que nos va a hacer tener una relación estrecha y una comunicación abierta con ellos; es la compenetración y entendimiento entre dos personas. Visto así, seguro que todos lo queremos para nuestra familia.

Pero desde mi punto de vista, o al menos es mi experiencia, el momento que vivimos no nos dificulta la conexión. El trabajo, la casa, las responsabilidades, la compra, … tener las sensación de que nos abruma, la sensación de correr de un sitio a otro. y en el peor de los casos, llevarlos corriendo a ellos detrás. No sé si tendréis la misma sensación, pero parece que llevo siglos sin estar con mis hijos, y quizá ellos también lo sientan así.

A veces, es complicado cambiar esas circunstancias que nos hacen tener esa sensación. Trabajando de tarde, aunque concilies bien, se hace cuesta arriba. Pero quizá si podemos tener en cuenta algunos tips que nos ayuden a mejorar la conexión:

  1. Ponernos a su altura y mirarle a los ojos. Nadie quiere hablar con alguien que le mira por encima y si está haciendo otra cosa mientras hablamos, mucho menos.
  2. Ser tú mismo. Si en las relaciones entre iguales no merece la pena hacerse pasar por quien no eres, en la relación con tu hijo tampoco; al final te van a pillar en un renuncio.
  3. Escucha atentamente y muestra interés. Piensa en que cuando tu no notas interés dejas de hablar, ellos también.
  4. Date tiempo. Daos tiempo, de hablar y de escuchar; es importante que sean nuestra prioridad al menos algún momento del día.
  5. Empatiza. Ponte sus zapatos de pisar charcos, valora lo que puede preocuparle; aunque seguro que para ti esta en segundo o quinto plano.
  6. Coherencia. Los padres debemos mostrar coherencia entre lo que hacemos y decimos. No vale el apaga la tele y yo miro el móvil; o respeta y me ven criticando.
  7. Afecto. Los niños necesitan más tacto y contacto incluso que nosotros. Abraza, coge, acaricia, sonríe,.. Eso hace que nos vean más cerca y sea más fácil conectar.

Seguir estos tips cuando vamos corriendo es muy difícil; pero se

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guro que lo conseguimos.  Para hacer una auto evaluación de la relación que tenemos, podemos reflexionar algunas preguntas como:

  • ¿cómo nos tratamos y cómo quiero que nos tratemos?
  • ¿cómo me dirijo a ellos?
  • ¿qué cosas nos ayudan a conectar?
  • ¿qué cosas nos complican la conexión?

Paciencia, que el camino es largo y los baches complicados de superar.

 

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Responsabilidades

A veces dejamos sobre nuestra espalda responsabilidades que son de nuestro hijos. Hacemos las cosas por ellos, recogemos por ellos, decidimos por ellos, … Y creo que es importante entender que crear responsabilidades en los niños desde pequeños va a traer consecuencias a futuro; entre ellas, mejorar su autoestima, que sean menos dependientes, mejorar su eficacia,…

Pero, ¿cuándo empezar a ser responsable?, ¿desde cuándo puedo exigirles cosas? No paramos de hacernos este tipo de preguntas; no hay una fecha concreta, pero una afirmación seguro que es correcta: cuanto antes, mejor. Ya no sólo es que queramos chicos y adultos responsables, sino que cada vez que hacemos algo por ellos, les decimos que ellos no pueden hacerlo. Cada vez que ellos intentan echarse agua, y les digo yo lo hago, ellos sienten que somos mejores y que ellos lo hacen mal. En solitario, esto no tiene importancia, pero una cosa tras otra toca su autoestima y su dependencia. ¿Pensad qué pasa si le dejo echarse el agua? Sí, puede caer agua, pero si lo consigue, la sensación de satisfacción será enorme. Tampoco me vale dejarle y echarle una bronca tremenda si se le cae el agua ¿eh?

¿Creéis que la adolescencia es la mejor época para coger las rutinas como hacer la cama, recoger la habitación o lavarse los dientes? Creo que no, es importante empezar ya. Hace poco leí que, si un niño sabe desbloquear una tablet, puede llevar su ropa sucia al cesto, … y qué razón tiene. A veces les dejamos cosas que por su edad no son capaces de gestionar, como las nuevas tecnologías, pero luego loCAM00639s vemos pequeños para cubrir responsabilidades de la casa o simplemente de sus cosas.

Para mejorar la responsabilidad en los pequeños podemos señalar algunos tips a tener en cuenta:

  • Siempre dejarles claro los que se espera de ellos. Las normas si es por escrito, visuales con dibujos, mejor.
  • Las normas siempre acordes a su edad, pero real. Hay muchas ideas por internet de actividades que pueden realizar para su edad. Pero basaros mucho en la lógica y en la observación de los niños, si podemos formar un lego, podemos hacer una cama, si podemos colocar las cosas para jugar, podemos preparar la mochila.
  • Si las tareas son nuevas, nadie nace aprendido:
    1. Mostrarle como se hace
    2. Hacerlo con él ayudándonos
    3. Que lo haga él y le ayudo
    4. Lo hace él y lo observamos
    5. Los hace él pero supervisamos y corregimos en caso necesario
  • Hablar de las consecuencias tanto si lo hace como si no lo hace. Intentamos que sean consecuencias inmediatas y lógicas. Por ejemplo, no podré jugar contigo hasta que no hayas recogido la ropa de tu habitación. Intentemos evitar lo de: si no recoges la ropa mañana no tienes tablet.
  • Las rutinas son importantes. Por ejemplo, cuando entro del colegio a casa: coloco la mochila en su sitio, cuelgo el abrigo, me lavo las manos y me siento a la mesa. Si un día se lo pido, pero otro no, nunca lo interiorizará y entenderá que las normas no siempre tienen que cumplirse; por lo que me costará mucho trabajo “que obedezca”.

Pero sobre todo hay que tener en cuenta una cosa, la mejor forma de aprender es a través del ejemplo que les damos. En todo, desde cómo doblamos los calcetines para guardarlos hasta cómo gestiono en enfado cuando otro coche me la juega en la carretera.

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LA FRUSTRACIÓN

Cuando empecé con el blog me propuse publicar un artículo todos los lunes. La semana pasada, no me fue posible, me frustró y mucho. Así que ese sentimiento me ha valido para poder estar sentada hoy frente al ordenador.

Les repito a mis niños, una y otra vez que las cosas, a veces, no son como nosotros queremos, o no nos salen como a nosotros nos gustaría. Y eso, es la frustración. Es una emoción con la que tendremos que lidiar muy a menudo en nuestra vida. Enfrentarnos ella será una clave importante para nuestra felicidad.

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La suelo describir a los peques como esa emoción entre el enfado y la tristeza, suele suceder cuando las cosas no salen como nosotros queremos, bien a nuestro alrededor (algún plan) o bien algo que hago yo (una actividad no se me sale todo lo bien que me gustaría).

No hay emociones ni buenas ni malas; todas son válidas y necesarias en nuestra vida; y la frustración también lo es. No podemos evitar a nuestros hijos todas las frustraciones; puesto que hay situaciones fuera de
nuestro alcance y necesitamos que aprendan a superarla, sino qué pasará cuando no estemos a su lado.

Que cosas podemos hacer para mejorar la frustración en nuestros hijos:

  • Dar ejemplo de una adecuada tolerancia a la frustración. Para ello no estaría de más evaluar qué hacemos nosotros o cómo vivimos nosotros cuando algo no nos sale bien (por ejemplo: se me quema la comida, alguien me adelanta mal con el coche, tiro el vaso de agua, no puedo hacer lo que había planeado…). ¿Qué hago, qué digo? Si al tirar algo en la mesa (cosa que suelo hacer yo bastante a menudo), me llamo torpe, tonto, … digo que no doy una a derechas, todo me sale mal, … ¿Qué veré en mis hijos cuando sean ellos a los que les pase?
  • Validar la emoción: entendamos el mundo del niño y qué es lo que siente. Para mí no tiene importancia salir del parque, puesto que valoro el tiempo que he pasado ya en él. Pero el niño no, no entiende que me tengo que ir, que ya llevamos un rato o que es tarde. Reconocer en ellos la frustración y ponerle nombre nos ayudará lidiar con los conflictos de la vida diaria. Pero si, para poder reconocer su emoción tengo que “bajar” a su mundo. Entender que un numero 7 torcido en mi vida no tiene importancia y lo paso por alto, pero cuando estoy empezando a escribir, un 7 torcido puede hacer que no quiera seguir intentándolo si pienso que jamás me saldrá bien. Es un ejemplo muy simple pero seguro que si buscamos encontraremos muchos ejemplos en nuestros hijos.
  • Anticipar: preparar un plan puede ser salir victorioso en la batalla. Si vamos a ir a algún sitio que valoramos que podemos tener dificultades, pongamos las normas antes de llegar, para el niño será más fácil entenderlas.
  • Valorar: los esfuerzos
  • CAM00700por pequeños que sean cuando sea capaz de calmarse y vivir la frustración de una forma más tranquila.
  • Dar alternativas: cuando haya un conflicto, propongamos alternativas y diversas soluciones al problema. Al principio seremos nosotros, os adultos, los que tendremos que darles las opciones y ellos irán aprendiendo un gran banco de recursos que poco a poco aplicarán ellos solos, si les dejamos, claro.
  • Cariño y
    paciencia:
    mi forma de reaccionar será la suya. La educación es una carrera de fondo, y para aprender necesita oportunidades. Qué significa esto: si no le doy opciones para enfadarse, para frustrarse, tampoco le estaré dando oportunidades de aprender a hacerlo bien.

Los Puntos

Imagináis que os ascienden en el trabajo, nadie os ha explicado las funciones ni cómo hacerlo del todo bien. Vuestro jefe solo os repite: “tienes que hacer las cosas bien”. Y en tu cabeza solo repites: pero ¿qué tengo que hacer bien y cómo? Entonces lo intentas y lo intentas, te esfuerzas; y al final de mes, en la nómina te restan dinero por haber hecha algo mal. ¿Qué cara se te quedaría? ¿Serías capaz de volver a trabajar igual? ¿Te esforzarías en seguir haciendo las cosas?

Pues esto se lo hacemos a nuestros hijos en muchas ocasiones.

Está muy extendida la técnica llamada de economía de fichas; incluso en tiendas de juguetes tienen las tablas ya hechas. Esta técnica se basa en que con la obtención de recompensas (refuerzo positivo) la conducta que queremos reforcemos aumentará. Últimamente no soy muy partidaria de las economías de fichas, de puntos o como queráis llamarlas, sólo lo haría en determinadas circunstancias, pero padres, ya que vamos a hacer algo, hagámoslo bien.

Qué cosas debemos tener en cuenta:

  1. Determinemos claramente qué queremos modificar, qué conducta queremos que haga más veces. Es algo que no podemos hacer a la ligera. Hay que sentarse a hablar con la pareja (si la hay claro), fijar claramente en qué conducta vamos a poner atención. Escojamos pocas reglas y muy concretas. No queremos que ellos se desmotiven, como cuando piensas en todo lo que tienes que hacer y al final no haces nada.

Esta técnica nos puede ayudar a la hora de adquirir una conducta determinada, algo concreto, como es lavarse los dientes o no levantarse de la mesa hasta que no acabemos todos. Otra cosa es, portarse bien y todo lo que conllevan esas dos palabras (no molestarme, hacer lo que te pido, no enfadarte, no frustrarte, … pero eso es otro tema).

Pongamos un ejemplo cuando nuestra regla es “portarse bien”: salimos del cole y toda la tarde estamos tranquilos y jugando. Según pasa la tarde mi aburrimiento y cansancio van en aumento. Llega la hora de cenar y al llegar veo algo que no me gusta nada; me pongo a llorar y gritar porque eso no es lo que quiero cenar. Como respuesta obtengo un: “ale, ya no tienes el punto de hoy”. ¿Y todo mi esfuerzo de la tarde? Pues mañana no quiero saber nada de los puntos, para lo que me sirve….

  1. Elegiremos, por un lado, qué forma de ganar de puntos, lo más extendido es obtener un punto cada vez que se realice la conducta. Importante, ser consistente y que cada vez que se dé la conducta se reciba el punto. Por otro lado, elegiremos junto con el niño las recompensas por llevarlas a cabo. Siempre con el niño, si quiero que se motive, claro.

Para mí es muy importante dos cosas para elegir los “premios”. Una, deben ir de coste en aumento, donde los primeros sean relativamente fáciles de conseguir sin que nos frustre y los más caros sean gracias al esfuerzo. Dos, menos cosas materiales y más actividades, cosas en familia: elegir una película o la cena del viernes, salir de excursión, tiempo de masaje, cocinar juntos; y si es material busquemos juegos educativos, un libro, … cualquier momento es bueno para compartir y aprender.

  1. Nunca se restan puntos. Si queremos que se haga una conducta, la contraria no puede restar puntos. Ponemos un ejemplo, ayer con todo mi esfuerzo gané un punto al estar sentada toda la comida. Hoy lo intento, pero sin darme cuenta, me levanto, no sólo dejo de ganar el punto de hoy, sino que pierdo el de ayer. ¿Cómo nos vamos a sentir?
  2. Cuando la conducta esté instaurada se irán desvaneciendo la obtención de puntos poco a poco, hasta eliminarlos por completo. Si de un día para otro dejamos de dárselos, no lo entenderán y no habrá valido para nada.

Como conclusión: usad esta técnica mejor solo con alguna determinada conducta que os esté costando instaurar en casa. Y recordad que, para crear un hábito, lo principal es el ejemplo; si queremos que conozcan la importancia de lavarse los dientes, ¿no será importante que me vean lavármelos a mí?

 

 

 

Volvemos a la carga

He tardado más de lo previsto en retomar el blog. Me hubiera gustado hacerlo la semana pasada, felicitar el año y empezar. Pero, a veces, las cosas no son como queremos. Y estar en casa con tres pequeños y todos los planes pendientes, era prioridad.

Hoy volvemos a las rutinas. Es un día difícil, de muchas contradicciones. Necesitábamos toda la familia volver a la rutina, volver a las actividades cotidianas y a nuestra vida; pero, reconozco que me ha dado mucha pena que se acabaran las vacaciones. No como otras veces que echaba de menos la falta de responsabilidades, este año es diferente. Me daba pena volver a correr, a tener hora para salir de casa, de volver a vernos sólo el rato de comer y corriendo. Por qué las rabietas cuando no tengo prisa son muy llevaderas, pero cuando tengo que ir a trabajar, … es horroroso. Me uno a 7paresdekatiuskas y su pena de ayer, con la que me sentí totalmente identificada. Ese miedo que describía a casi no ver a los niños, no tener casi tiempo de escucharles ni abrazarles; consuela un poco saber que somos muchas las que estamos así.

Pero hay que volver, así que al lío: ¿Por qué necesitamos las rutinas? Necesitamos las rutinas para sentirnos seguros, y si los adultos lo necesitamos; imaginemos los niños. La RAE define la incertidumbre como falta de seguridad, de confianza o de certeza sobre algo; especialmente cuando crea inquietud. Y la incertidumbre se la damos cuando no tenemos rutinas o no las definimos.

Imaginad que no supierais qué es lo que tenéis que hacer. Llegas a casa cansado del trabajo y: “venga vístete que nos vamos”. ¿Pero cómo? ¿Por qué? Pues eso se lo hacemos a los peques una y otra vez. Vamos muchas veces tirando de ellos, corriendo de un lado para otro. Les vamos pidiendo cosas sin anticiparlas.

Algún ejemplo, llegan hoy del cole, deseosos de jugar con los juguetes de los Reyes Magos después de su jornada escolar. Nos sentamos a la mesa, y cuando se van a sentar a jugar: “ponte el abrigo que nos vamos a música/baile/inglés/karate”. Imaginad esa cara que se les queda, y, por tanto, tremendo pollo pueden montarnos.

Esto nos pasa mucho, asumimos que ellos lo saben, damos por hecho que ellos saben qué día de la semana es y simplemente tiramos de ellos.

Ahora que hemos visto el problema, soluciones: la anticipación y las rutinas.

Lo llevé a la práctica: en casa eran imposibles las mañanas, la hora de 8 a 9 era un suplicio, para mí y para ellos. Mis hijas son dormilonas como yo y nos cuesta horrores salir de la cama. Así que, con tres y salir a tiempo al colegio, vestidos, desayunados y peinados…imposible sin tener la sensación de que ese rato es un sufrimiento y con mal sabor de boca, corriendo y muchas veces gritando de casa. Me senté a pensar, qué está pasando, qué está fallando, qué podemos necesitar para mejorar.

Ya había visto por internet cuadros de rutinas. Consisten en que ellos tengan a golpe de vista lo que se pide de ellos en cada momento o qué actividades tienen que ir haciendo, y si pueden manipularlo para ir pasando actividades, mejor. Se pueden comprar por Internet, pero yo me lo hice casero.

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Se lo hice igual para las dos, pero se podría hacer diferente dependiendo de la edad o de las cosas que necesitemos. Consiste en que ellas sepan que paso es el siguiente y cuando lo hacen, lo pasan a la columna de las cosas hechas. En la imagen vemos: quitarse el pijama, vestirse, desayunar, lavarse la cara, lavarse los dientes, ponerse el abrigo y ponerse los zapatos. Se lo expliqué tranquilamente, y llegamos juntas a la conclusión de que alguna se podía modificar el orden. Por ejemplo, Rocío prefiere ponerse los zapatos al vestirse y Noa antes de salir de casa. Ellas también se hacen partícipes y entienden mejor lo que se les pide.

Mi experiencia ha sido muy positiva con esto. No quita que un día el sueño y el cansancio les puede y no quieren hacerlo, pero constancia y paciencia. Y si falla, se valora, se modifica y se vuelve a intentar. Todas las piezas acaban encajando si encontramos la forma adecuada de colocarlas.

También se puede hacer para cuando lleguen del cole, para los pasos a seguir para la tarea, antes de dormir… cada uno sabemos qué cosas nos hacen falta en casa. Importante:

  • Conductas concretas y muy explicadas
  • Pocas no más de cinco o seis y dependiendo de la edad incluso menos
  • Hacerles partícipes en todo lo posible (elegir los dibujos, colorearlos, el orden, …). Cuanto más participen más se implicarán

Espero que os sirva como idea. Animo con el inicio real del año y con la vuelta a la rutina.

Libros con esencia

Estas semanas son un poco de caos y ha sido imposible escribir un post. Pero como quería escribir cada lunes, hoy vengo con alguna recomendación de cara a los Reyes. No hablaré de juguetes porque ahí cada niño suele tener muy claro lo que quiere. Pero está de moda (menos mal) regalar cuentos y por eso traigo algunos que, para mi, son geniales.

Mi última adquisición y gran descubrimiento ha sido:

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Son seis cuentos cortos que se leen muy fácilmente. Hablan del lenguaje positivo, de quererse a uno mismo, … y el que más me gusta a mí, de autocontrol. “Las cosas no siempre son como y quisiera”, con una forma fácil de visualizarlo hace que los peques respiren para relajarse. Primero lo probé en casa y después en consulta; y muy recomendable. Sobre todo cuando ellos son los que te lo dicen a ti: “mamá tienes la pelota roja, respira”.

Segundo, todo un clásico:descarga

Hablar de las emociones básicas, con ejemplos y colores, muy visual y los niños les encanta.

Más para conocer las emociones:

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Muy bueno, con muchas emociones. Desde me punto de vista más indicado para niños más mayores. En Internet encontramos fichas descargables para cada emoción.

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Mediante historias y recetas encontramos buenas explicaciones de las emociones que más experimentan los niños. Además viene genial para medir las emociones en poco, medio y mucho. Medir la intensidad emocional es muy importante, y con el emocionómetro es fácil de aprender.

Para los celos entre hermanos:

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Ayuda a entender que cada hermano tiene algo especial y que papá y mamá nos quieren por igual.

Otros libros que me han gustado mucho:

Cada uno tiene su “cosita” especial. Me gustan mucho  los libros y cómo podemos aprender y explicarles cosas a través de ellos. Siempre son una buena opción para escribir a sus Majestades Los Reyes Magos.

Y con esto me despido hasta el año que viene.

Os deseo que paséis unas buenas vacaciones con los peques, que tengáis tiempo de compartir con ellos muchos momentos y que hayáis podido conciliar familia y trabajo fácilmente.

FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO 2018. 

NOS VEMOS A LA VUELTA

EL MIEDO A LOS CELOS

uuuh cómo está tu hija, se muere de celos!” “pobrecilla que de celos tiene” “¿has tenido suerte o son muy celosas?”

He escuchado estas frases y tras muchas varias veces en los últimos años. Mi respuesta, a veces solo, mental por no ser maleducada es: “claro que tienen celos, ¿y?”. A mis hijos les hemos impuesto hermanos, no la pregunté ¿cariño quieres una hermana? O chicas que os parece que tengamos un hermanito nuevo. Simplemente les conté que iban a llegar miembros nuevos a la familia.

Tuvieron nueve meses para que les fuéramos contando todo, pero, llega un día en que mama desaparece, se va a un sitio que encima me da miedo, ¡el temido hospital! Y cuando vuelve, no lo hace como siempre al 100%, está cansada, dolorida, no puede casi cogerte. Y encima, esta enganchada todo el día a tu hermano nuevo.  Y todo el mundo pretende, que la idea te encante, que le quieras, que le cuides y que no juegues ni hables alto cuando él está durmiendo. ¿En serio? Pensarías: ¿esto es una broma no?

Como niño, intentas sobrellevar todos estos cambios lo mejor posible, pero no, a veces no lo entiendes, a veces gritas y te enfadas sin motivo. Todo el mundo mira a tu hermano nuevo, y cuando se acercan a ti te dicen cosas como: compartirás tus juguetes con él, ¿no? ¿le cuidarás mucho? Te tienes que portar bien que tú ya eres el mayor. ¿Mayor? Más mayor que hace una semana sí, pero ¿mayor?

En fin, hablábamos del miedo a los celos. No permitimos que los niños tengan celos, y después de ver un poco las cosas desde sus ojos, quizá es lógico que tengan celos.

Definamos celos: es esa emoción que nace de mí, desde el pensamiento de que el amor no se puede compartir y me da miedo que alguien me quite el amor del ser querido. No confundir con la envidia, que nace del otro, más bien de lo que tiene el otro y yo quiero. Por ejemplo, tengo celos de papa cuando está con mamá o tengo envidia de mi amigo que le han comprado un coche y a mí no.

Conclusión, los celos son una emoción más; y, por tanto, necesaria para aprender. Como adultos sólo nos queda validar esa emoción, dándola la importancia que tiene. Cuando reconocemos los celos, habrá que explicarles que las cosas que piensan no son así; papá y mamá multiplican el amor al llega un hermano (o un primo oye, que también hay celos ahí). Habrá que demostrarle con hechos las cosas y darle tiempo para que se dé cuenta.

Algunas cosas que en mi familia han venido bien:

  • Hablar de la llegada del hermano antes de que nazca. También vale a través de cuentos. Hay muchos y muy buenos, otro día hablaremos de ellos. Hablamos tanto del hermano como de los días del hospital, qué hará mamá, que hará papá, quién les cuidará, … La incertidumbre no nos gusta a nadie y e ellos les desestabiliza. Cuanta más información más control.
  • No hacer muchos cambios cuando llegue el hermano, si se pueden hacer antes mejor. Por ejemplo, el paso de la cuna a la cama; evitemos el sentimiento de me lo ha quitado. O, al contrario, quizá habrá que retrasar algún cambio, por ejemplo, quitarle el chupete (dependerá de la edad, todo hay que valorarlo).
  • Fomentar la cooperación entre hermanos, juegos conjuntos, tiempo juntos, respeto, … Hablad desde pequeños de la necesidad de los hermanos, las ventajas de tenerlos, lo divertido que es, …
  • Evitar comparaciones. Por supuesto, cada uno tiene sus puntos fuertes y sus puntos débiles. Siempre hacen cosas bien y cosas que se pueden mejorar. Debemos intentar que se sientan especiales por como son. Evitamos la rivalidad… aunque a veces cuesta. Por ejemplo, a nosotros se nos escapa mucho el ¿a ver quién gana? Y creemos que a la larga es un error.
  • Dar a cada hermano tiempo con papá y con mamá. Buscar huecos en el caos que llevamos de vida es complicado, pero luego lo agradecen mucho. No hace falta grandes cosas, a veces con ir a comprar el pan juntos es suficiente, el paseo da la oportunidad de hablar.
  • Dar responsabilidades adecuadas a su edad. Si queremos que sean mayores, ayudémosles.20160828_133751.jpg

Habrá muchas más cosas que se puedan hacer, pero esto es lo que intentamos hacer en casa y la cosa va saliendo más o menos bien.

Hay otros momentos en que los celos les ganan la batalla, más rabietas, más enfados, más contestaciones, … ahí solo queda relajarse a disfrutar del viaje, recordando que el puzzle encajará al final y necesitan que estemos al lado.